La interpretación de lo que acontece en la vida cotidiana es permanente. El adolescente está sometido a situaciones inesperadas y desconcertantes, que obligan al educador a producir sucesivas explicaciones y nuevas acciones para restaurar el orden. En este sentido, en el marco de la vida cotidiana, la producción de significados y de prácticas nuevas como la educación en lenguaje audiovisual se cumple mediante una relación dinámica entre los fenómenos de la realidad y el pensamiento humano.
La relación entre el pensamiento, los conocimientos y las formas de expresión está fuertemente entrelazada. Mientras más se amplifican los lenguajes (verbales, gestuales, gráficos y audiovisuales), más posibilidades existen de objetivar la realidad y actuar sobre ella, dado que los jóvenes pueden contar con mayores recursos instrumentales para producir significados. Estos sentidos, signos y símbolos necesarios en la cotidianeidad, permiten la comprensión de la vida contemporánea, a la vez que es posible agruparlos en sistemas coherentes de conocimientos y saberes.