
La realidad de la vida cotidiana la podemos
descomponer en áreas o dimensiones.
Existe una dimensión correspondiente a
los universos simbólicos; otra asociada a
las relaciones con los otros y, por último, algunas vinculadas al mundo material y a las nociones de espacio y tiempo. Todas estas áreas funcionan en la vida cotidiana como un odo integrado.
Al territorio y los espacios de la vida cotidiana les asignamos un lenguaje característico, verbal o de otra naturaleza que posibilita nombrar e identificar lugares y cosas.
Los significados profundos de los lugares podemos observarlos también a partir de sus
formas, volúmenes, dimensiones y repartición, siendo tales aspectos fuertemente definidos por el tipo de universo simbólico producido por un grupo social, por las prácticas y hábitos culturales
y por las relaciones sociales existentes.
descomponer en áreas o dimensiones.
Existe una dimensión correspondiente a
los universos simbólicos; otra asociada a
las relaciones con los otros y, por último, algunas vinculadas al mundo material y a las nociones de espacio y tiempo. Todas estas áreas funcionan en la vida cotidiana como un odo integrado.
Al territorio y los espacios de la vida cotidiana les asignamos un lenguaje característico, verbal o de otra naturaleza que posibilita nombrar e identificar lugares y cosas.
Los significados profundos de los lugares podemos observarlos también a partir de sus
formas, volúmenes, dimensiones y repartición, siendo tales aspectos fuertemente definidos por el tipo de universo simbólico producido por un grupo social, por las prácticas y hábitos culturales
y por las relaciones sociales existentes.
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